La entrada anterior, con título “el Amor Verdadero”, se correspondía, en su forma original, con una situación y unos sentimientos que han cambiado. Ahora está sustituida por unas reflexiones que son fruto directo de ese cambio.

Y esta entrada, por tanto, también cambia, aunque mantiene mucha de su esencia, la que no depende del momento, ni de las personas …

Disfruto, ahora mismo, del enorme privilegio de acompañar a varias personas en procesos vitales complejos (también complicados).

Y si lo que llega a la Vida de esas personas es grande, grande de verdad, ellas sienten por dentro cómo todo -absolutamente todo- se mueve; se mueve porque su corazón SABE de la grandeza de esos proyectos de Vida que acaban de llegar.

Y, junto con esa Luz y ese Amor, llegan “ajustes”, “sombras”, “dudas” y todas esas “cosas” que también forman parte del camino de todos. Normal, lógico … humano. No puede ser de otra forma.

Ahí, justo ahí, es donde compruebas por ti mismo que el Amor se puede sentir, que el Amor se puede verbalizar; y, sobre todo, compruebas que el Amor se muestra con hechos.

¿Que las circunstancias no “acompañan” ahora mismo? ¿Que existe distancia física? ¿Que sus Vidas están repletas de otras personas y cosas, que también son importantes, y que desean que sigan ahí? (como debe ser, todo tiene su propio espacio).

No os preocupéis por nada, y buscad, buscad desde el Amor, porque desde ahí encontraréis el espacio, la manera, de que cualquier persona o proyecto importante que llegue a vuestra Vida “encaje” con todo lo demás.



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